LA IDENTIFICACIÓN CON EL AGRESOR EN LA VIDA DIARIA
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LA IDENTIFICACIÓN CON EL AGRESOR EN LA VIDA DIARIA

La identificación con el agresor es un mecanismo de defensa más frecuente de lo que pensamos.

Los mecanismos de defensa son procesos psicológicos automáticos mediante los cuales manejamos aspectos externos o internos que nos causan elevada angustia. Nos ayudan a no desbordarnos y a mantener el equilibrio emocional.

La identificación con el agresor es un mecanismo de defensa descrito por Sandor Ferenczi y, más tarde, por Anna Freud. Consiste en convertirse en lo que creemos que otra persona (con poder sobre nosotros/as) quiere que seamos. Puede activarse en personas que han vivido situaciones traumáticas en la infancia, ya sean amenazas a la integridad física o amenazas recurrentes de abandono emocional por parte de figuras significativas.

La identificación con el agresor puede generalizarse y convertirse en un modo de relación con los demás, pero la propia esencia siempre permanece.

Identificación con el agresor

Podemos hablar de tres tiempos: disociación, adivinación y conducta sumisa y complaciente.

  • Disociación: Para poder anticipar los peligros y descifrar al agresor, se produce una desconexión del mundo interno propio y se vacía la mente de reacciones emocionales espontáneas.
  • Adivinación: Una vez que toda la atención está puesta fuera de uno/a mismo/a, se trata de detectar y descifrar en los/as demás cualquier señal que recuerde a aquellos sentimientos, intenciones o motivaciones que se han aprendido que son peligrosos.   
  • Conducta sumisa y complaciente: Por último, se produce un sometimiento inconsciente y automático a los deseos intuidos en el agresor. En otras palabras, se siente y se hace lo que se cree que se debe sentir y hacer para sobrevivir.

A menor escala, la identificación con el agresor puede activarse en situaciones de la vida cotidiana. Y es que la impotencia y el miedo a la soledad están en todos/as nosotros/as.

Este mecanismo, en su forma más leve, tiene un valor evolutivo y forma parte de los aspectos inconscientes de la comunicación entre las personas. En el día a día, podemos ver este proceso en situaciones en las que nos inhibimos ante figuras de autoridad o personas que admiramos. Es ese momento en el que enmudecemos al conocer a una celebridad, o dejamos de quejarnos cuando el jefe aparece en la oficina. Es esa paciencia en la sala de espera del médico, que no tenemos en la cola del supermercado. Es el bloqueo cuando alguien se dirige a nosotros en determinado tono, y el desvanecimiento de nuestros reclamos cuando alguien que nos gusta nos sonríe.

En general, las personas que se defienden de esta forma son muy inteligentes y poseen una gran sensibilidad. Además, tienen muchas habilidades para sobrevivir de forma indirecta y encubierta a situaciones potencialmente amenazantes. Sin embargo, en ocasiones se vuelve necesario revisar qué está ocurriendo en nuestra vida y en nuestras relaciones. Esto es así cuando el precio que estamos pagando es volvernos invisibles y desparecer como personas con necesidades, deseos y motivaciones únicas y particulares.

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Bibliografía:

Frankel, J. (2002). Explorando el concepto de Ferenczi de identificación con el agresor. Su rol en el trauma, la vida cotidiana y la relación terapéutica. Revista Aperturas Psicoanalíticas. Aperturas Psicoanalíticas. Revista Internacional de Psicoanálisis. https://www.aperturas.org/articulo.php?articulo=201

Sánchez, E. (2019, 9 septiembre). Cuando terminas imitando a los que te hacen daño. La Mente es Maravillosa. https://lamenteesmaravillosa.com/cuando-terminas-imitando-los-te-hacen-dano/


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