Culpa y castigo - MDM Psicología Clínica
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CUANDO LA CULPA SE CONVIERTE EN CASTIGO

El sentimiento de culpa se puede manifestar a través de síntomas psicopatológicos. Pero también, a veces, repetimos de forma inconsciente situaciones cotidianas que nos llevan a sentir fracaso, poca valía o un sufrimiento excesivo. Es en estas ocasiones cuando la culpa se convierte en castigo.

La culpa es una emoción secundaria que nos sumerge en un estado afectivo angustioso, tras haber transgredido alguna norma. Esta norma puede ser personal, social, legal o moral. Su incumplimiento puede darse en la realidad (suele haber consecuencias para uno/a mismo/a o para los demás); o en la fantasía (“¿y si…?”). Existe un tipo de culpa que se proyecta hacia afuera, en la que no hay arrepentimiento. Pero la culpa depresiva es aquella que nos lleva a desarrollar actitudes hacia nosotros/as mismos/as severas, rígidas y punitivas.

La culpa, al conectarnos con la angustia, activa nuestros mecanismos de defensa. Por esta razón, su manifestación suele ser inconsciente. Puede emerger a través de síntomas (ánimo depresivo, rumiación, entre otros). Pero también, a través de conductas compensatorias (hablarnos mal, cuestionarnos constantemente, autoboicotearnos, ponernos las cosas difíciles…). En resumen, encontrando formas de autocastigarnos.

Detrás de muchos sacrificios y fracasos puede haber un sentimiento profundo de ser indignos/as y no merecedores/as y/o una sobrecompensación del daño que creemos que estamos causando a otras personas.

Culpa y castigo.

En ocasiones, aquellas normas que nos hemos saltado pueden ser graves y tener consecuencias importantes. Otras veces, la culpa aparece ante la desobediencia a mandatos heredados, a las expectativas de los demás hacia nosotros/as, a los roles que hemos ocupado hasta ahora o ante la percepción de sentimientos ambivalentes (incluso de amor-odio) hacia nuestros seres queridos. Desde ahí, cuánto cuesta permitirse disfrutar, descansar, tener éxito y cumplir nuestros deseos.

Sin embargo, en palabras escuchadas en mi propio proceso psicoterapéutico: “las cosas que hacemos desde la culpa suelen salir mal”. Si decidimos hacer algo que supone un esfuerzo y un compromiso a largo plazo desde el amor y la coherencia con nuestros valores, nos sentiremos satisfechos/as y serenos/as. Pero si, por el contrario, lo hacemos porque nos sentimos culpables, es más probable que, finalmente, el rencor, el cansancio insoportable, la crispación y la frustración se acaben instaurando en nosotros/as.

Frente al daño y al error, tenemos la posibilidad de reparar. Esto nos lleva a la compasión y los cuidados a nosotros/as mismos/as y a los/as otros/as.

Darnos cuenta de que la culpa puede estar ejerciendo una función de autocastigo no significa que ésta vaya a desaparecer sin más o que ya no tengamos que asumir responsabilidades con nosotros/as y con los que están a nuestro alrededor. Todo lo contrario: trabajar el sentimiento de culpa pasa por asumir la responsabilidad que tenemos en nuestro propio bienestar, como adultos/as, y por hacernos cargo de las consecuencias que tienen nuestros actos en los demás. Supone, también, integrar que somos dignos/as, a pesar de que a veces nos equivoquemos; y atravesar el duelo por sabernos imperfectos/as y con el potencial para dañar (aunque hiramos sin que sea nuestra intención).

La buena noticia es que también tenemos el potencial para reparar. Si causamos un daño real, podemos tratar de restituirlo hasta donde sea posible y de la forma que sea posible. A veces, esta reparación sólo puede ser indirecta o simbólica (por ej., ayudando a personas que han sufrido un tipo de daño similar al que hemos causado o concienciando para que los demás no repitan el mismo error). Si el daño se enmarca dentro de la posibilidad, la duda obsesiva o el sentimiento de indignidad, podemos aprender a vivir de un modo más compasivo y ligero. Cada uno/a tenemos la tarea de descubrir con qué tiene que ver nuestro sentimiento de culpa, cuándo aparece, y cuál es la forma que mejor nos ayuda a gestionarlo.   

En todo caso, el abordaje del sentimiento de culpa es complejo y muchas veces se corresponde con haber causado un daño real y grave. Otras veces, aunque objetivamente no haya habido un daño, la culpa se vivencia como altamente intrusiva e interfiere significativamente en el día a día. Por esto, es importante contar con el acompañamiento y la guía de un profesional.

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