EL EQUILIBRIO EN LAS RELACIONES - MDM Psicología Clínica
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EL EQUILIBRIO EN LAS RELACIONES

Lograr el equilibrio en las relaciones personales es algo con lo que lidiamos a diario a lo largo de toda nuestra vida.

Existen personas con quienes nos relacionamos de forma no elegida, como son nuestros familiares y compañeros de trabajo. Pero existen muchos otros tipos de vínculos que sí elegimos voluntariamente. Sin embargo, no con poca frecuencia nos vemos envueltos/as en relaciones que no nos satisfacen. En estos casos, cabe preguntarse qué tipo de conexión tenemos con esas personas, cuál deseamos y qué posibilidades hay de que nuestras expectativas puedan cumplirse. En ocasiones, responder a estas preguntas puede ser difícil, puesto que no siempre sabemos ponerle palabras o puede suponernos aceptar una realidad que, por el momento, no somos capaces de afrontar.

Son muchos los aspectos que se ponen en juego en nuestras relaciones. De cómo los manejemos dependerá nuestra satisfacción.

el equilibrio en las relaciones

En las relaciones se juegan paradojas como el deseo de proximidad y el de distancia, y la búsqueda de estabilidad y de novedad/aventura. Además, se pueden actualizar temores al rechazo, al abandono o al engaño que quizá se remonten a experiencias pasadas. En otros casos, se establecen juegos de poder, de competitividad y de límites. Cómo vayamos manejando todos estos aspectos determinará la satisfacción en nuestras relaciones.

Las relaciones sanas son fluidas, flexibles, dinámicas, coherentes y equilibradas. Esto no significa que no haya desencuentros.

En general, las relaciones personales sanas son bidireccionales, simétricas y recíprocas. Cuando una de las partes invierte más energía, interés, tiempo y esfuerzo por mantener el vínculo, la relación se vuelve asimétrica y comienza el malestar, los reproches…el desencuentro. También puede ocurrir que el estilo afectivo o el nivel de introspección de la otra persona no coincida con el nuestro y que la comunicación no sea fluida. No se trata de que el otro sea malo, no nos quiera o no le interesemos. A veces, simplemente no es capaz de darnos lo que le pedimos o lo que necesitamos.

Aprender a observar y ser honestos/as con nosotros/as mismos/as no es tarea fácil. Pero, en ocasiones, merece la pena plantearse aspectos sobre nuestras relaciones e ir recolocando el lugar que damos a aquellos que forman parte de nuestro día a día. Esto es algo que se realiza muchas veces en terapia. También, podemos ir probando nuevas formas de relacionarnos con los demás, hasta que encontremos aquella que nos suponga un menor desgaste.

Si una relación, en términos generales, te genera ansiedad, enfado, sentimiento de soledad, o cualquier otra emoción desagradable, te sugiero que te pares a ver qué está pasando. ¿Estás dando mucho? ¿Estás esperando que te entienda/te ayude/haga cosas que las que no es capaz? ¿Para sentir un momento de conexión con esa persona tienes que negar o modificar tu forma de ser? ¿Sientes que estando con esa persona se agota tu energía? Todo esto son señales de que algo no va bien.

No se trata de romper los vínculos, sino de ajustar nuestras expectativas e invertir en aquellas relaciones que suman y aportan. Algunas nos aportarán diversión, otras sostén emocional, otras ayuda instrumental o consejo profesional. Hay relaciones de todo tipo. Y eso está bien.  

Si tienes una consulta, puedes escribirme a través del formulario de contacto de esta web.


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