ME PREOCUPO DEMASIADO - MDM Psicología Clínica
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ME PREOCUPO DEMASIADO POR TODO: ¿QUÉ ME PASA?

Si te has dicho alguno vez “me preocupo demasiado por todo, ¿qué me pasa?”, este artículo te interesa.

Preocuparse no es negativo per se, pero si consideras que tiendes a preocuparte demasiado por todo, puede que estés afrontando el día a día con mucho sufrimiento. En este artículo te explico qué es la preocupación, cuándo aparece, cuándo se convierte en un problema y algunos aspectos que se han relacionado con la preocupación excesiva (o rumiación).

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¿Qué es la preocupación?

La preocupación es un tipo de afrontamiento cognitivo que se pone en marcha de forma automática cuando comenzamos un proceso de toma de decisiones. En la medida en que forma parte de la búsqueda de soluciones a un problema, se considera normal y adaptativa. Pero, a veces, lejos de ayudarnos a afrontar el día a día, nos bloquea e impide seguir adelante.

¿Cuándo nos preocupamos?

Nuestra mente siempre está en funcionamiento. Al igual que el mar tiene olas que se forman con el movimiento del agua, nuestra psique produce pensamientos de forma automática. Bien es cierto que muchos de estos pensamientos los desechamos y, según aparecen, desaparecen. Pero hay algunos pensamientos que captan nuestra atención al referirse a aspectos relevantes para nosotros, formando una marejada emocional y poniendo en marcha la preocupación.

Hombre preguntándose: "Me preocupo demasiado, ¿qué me pasa?".
Photo by Nathan Cowley from Pexels

Las preocupaciones pueden surgir ante sucesos cotidianos sin elevada trascendencia. Por ejemplo, perder el metro y llegar tarde a una cita. También, pueden aparecer ante la incertidumbre respecto al futuro en distintas áreas de la vida. Por ejemplo, nos puede preocupar si vamos a encontrar un trabajo estable o una pareja. Otras veces, lo que ocurre es que anticipamos que va a ocurrir algo que es una amenaza para nuestro bienestar. Por ejemplo, el padecimiento de una enfermedad o, incluso, de una catástrofe natural. Un tipo de preocupación muy común es aquella que responde a pensamientos del tipo “¿y si…?”.

¿Cuándo se convierte en un problema?

Preocuparse deja de ser útil cuando nos aleja de la realidad y nos adentra en un mundo de posibilidades hipotéticas que, por otro lado, lo más seguro es que no lleguen a pasarnos directamente, en la misma medida o con las consecuencias tan irreversibles que imaginamos. Puedes hacer la prueba escribiendo un listado de las preocupaciones que tienes actualmente y comprobar dentro de un año cuántas de aquellas situaciones que temías realmente han ocurrido.  

¿Por qué no logramos dejar de preocuparnos?

Los expertos han señalado que la preocupación excesiva o rumiación puede estar relacionada con:

CREENCIAS POSITIVAS SOBRE LA PREOCUPACIÓN

Podemos creer que si no nos preocupamos, es que no damos importancia al objeto de la preocupación o que no estamos haciendo nada para enfrentarlo o resolverlo.

INTOLERANCIA A LA INCERTIDUMBRE

La incertidumbre es inherente a la vida, pues no hay nada certero al 100%. Sin embargo, podemos no saber gestionarla o no aceptarla.

REFORZAMIENTO NEGATIVO POR EVITACIÓN

La preocupación actúa como un refuerzo negativo, al quitarnos algo que nos estaba haciendo sufrir. En este caso, aunque resulte paradójico, preocuparnos nos ayuda a evitar sentir ansiedad. A nivel fisiológico, se ha demostrado que la preocupación aumenta la tensión muscular y la inquietud pero que disminuye la tasa cardiaca y respiratoria (cuyo aumento es característico de estados de ansiedad). En este punto se genera el siguiente círculo vicioso: existencia de un problema-> estado de ansiedad -> preocupación -> disminución de la ansiedad -> mantenimiento del problema -> estado de ansiedad -> preocupación.

DESPLAZAMIENTO

Al preocuparnos por situaciones hipotéticas, podemos estar desplazando la atención de otros problemas que sí están ocurriendo en nuestro presente. Por ejemplo, si nos preocupamos por la posibilidad de caer enfermos, podemos no estar centrándonos en estudiar para un examen o no darnos cuenta de que nuestra pareja se ha distanciado de nosotros.  

Los pensamientos son a la mente lo que las olas al mar.
Imagen de enriquelopezgarre en Pixabay 

FUSIÓN PENSAMIENTO-REALIDAD

Cuando consideramos que lo que pensamos es una realidad objetiva, podemos tratar de buscar herramientas y técnicas para erradicar las preocupaciones. Si, en su lugar, reconocemos los pensamientos como sucesos internos, la urgencia por eliminarlos y la angustia asociada a su aparición será menor.

DIFICULTAD EN EL MANEJO DE LA ATENCIÓN

El foco de nuestra atención es algo que podemos manejar y modificar. Las preocupaciones son vividas como pensamientos intrusivos y no deseados, pero podemos aprender a controlar cuándo y durante cuánto tiempo fijamos nuestra atención en ellas, aunque una y otra vez vuelvan a aparecer (recuerda el símil de los pensamientos como olas del mar).

DIFICULTAD PARA ACEPTAR EL MOMENTO PRESENTE

Del punto anterior se derivaría la habilidad para aceptar el momento presente con compasión y sin tratar de cambiarlo. Es decir, aceptar y tolerar que estamos preocupados en lugar de luchar por dejar de sentirnos así.

SESGO CATASTROFISTA

Algunos de nuestros pensamientos pueden estar sesgados y es importante reconocerlos y analizarlos. Un sesgo común es el catastrofismo, consistente en considerar el riesgo y las consecuencias de alguna situación como de mayor magnitud, impacto e irreversibilidad de lo que realmente son o sin datos objetivos para darles esa consideración.

BÚSQUEDA DE LA PERFECCIÓN

El perfeccionismo también se ha asociado con la rumiación. Esto es así ya que, cuando queremos que todo salga perfecto, hay más probabilidades de que cualquier solución nos parezca inválida y entremos en un bucle de pensamiento para intentar encontrar otra manera de hacer mejor las cosas, sin que nunca demos con una solución suficientemente buena.

BAJA AUTOEFICACIA PERCIBIDA

Si no nos vemos capaces y con recursos para afrontar los problemas y contratiempos que puedan ir surgiéndonos, es más probable que sintamos excesiva preocupación por todo.

En resumen, preocuparse no es, a priori, algo negativo. De hecho, nos permite procesar las situaciones y buscar soluciones a los problemas. Sin embargo, puede llegar a convertirse en algo demasiado frecuente, intenso o duradero e impedir el afrontamiento de nuestro día a día. Cuando la preocupación nos desvía de nuestro presente, magnifica nuestros problemas, nos bloquea y/o responde a una baja autoestima o a un elevado perfeccionismo, deja de ser adaptativa y se convierte en un problema en sí misma. En esos casos, puede ser recomendable consultar a un profesional.

Bibliografía:

Clark, D. A. & Beck, A. T. (2016). Manual práctico para la ansiedad y las preocupaciones: la solución cognitiva conductual. Bilbao, España: Desclée De Brouwer.

García Higuera, J. A. (s. f.). La preocupación patológica y su tratamiento. Recuperado 15 octubre, 2019, https://www.cop.es/colegiados/m-00451/preocp.htm

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