ATRIBUCIÓN Y LOGRO: CÓMO INTERPRETAR LOS FRACASOS.
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ATRIBUCIÓN Y LOGRO: CÓMO INTERPRETAR LOS FRACASOS.

La interpretación que hacemos de nuestros fracasos (atribución) influye en nuestra motivación de logro y en nuestras expectativas de futuro.

La consecución o no de lo que nos proponemos nos hace analizar nuestra conducta y buscar el porqué de nuestro éxito o de nuestro fracaso. A esto se le llama atribución. En función de la explicación que nos demos, nos sentiremos orgullosos, enfadados, esperanzados, entre otras emociones posibles. Además, generaremos una expectativa respecto al futuro, aumentando o disminuyendo nuestra motivación para llevar a cabo lo necesario para conseguir nuestros objetivos.

La necesidad de logro supone la necesidad que tenemos todos los seres humanos, en mayor o menor medida, de ponernos objetivos y cumplirlos, de avanzar y tener éxito, de hacer las cosas bien, a través (o a pesar) del esfuerzo, la persistencia y el trabajo.

La necesidad de logro puede orientarse a la pericia, si nuestro objetivo a cumplir se refiere a mejorar el proceso de rendimiento y a la búsqueda de soluciones. O puede estar orientada a la ejecución, si lo que prima es ganar o tener éxito independientemente del proceso. En otros casos, el foco se pone en las habilidades que nos faltan.

La explicación que demos a nuestro rendimiento dependerá de varios factores: la orientación de nuestra necesidad de logro (pericia, ejecución, incapacidad), las experiencias previas en situaciones similares, las opiniones de los demás e incluso sesgos cognitivos que todos tenemos a la hora de atribuir los motivos de nuestra conducta y la de los demás.

Fritz Heider (1896-1988), psicólogo austriaco, y Bernard Weiner (1935-actualidad), psicólogo estadounidense, son dos figuras fundamentales en el estudio de las atribuciones, es decir, del proceso por el cual buscamos las causas de nuestro comportamiento y el de los demás.

Se considera que las atribuciones que realizamos sobre nuestros logros o fracasos pueden definirse en función de si son:

Imagen de DanaTentis en Pixabay
  • EXTERNAS/INTERNAS: es decir, si consideramos que nuestros éxitos y fracasos dependen de factores ajenos a nosotros mismos o si consideramos que la causa es alguna característica propia. Por ejemplo, si suspendemos un examen podemos atribuir la causa a que “he tenido mala suerte” (atribución externa), o a que “no me he esforzado lo suficiente” (atribución interna).
  • GLOBALES/ESPECÍFICAS: se refiere a si generalizamos nuestros resultados a todas las situaciones posibles o si los restringimos a una situación concreta. Siguiendo el ejemplo del examen, podemos pensar que “los exámenes tipo test siempre me salen mal” (atribución global) o “este examen tipo test me ha resultado especialmente difícil” (atribución específica).
  • ESTABLES/INESTABLES: es decir, si consideramos que siempre nos va a pasar lo mismo o si creemos que ha sido una situación puntual. Por ejemplo: “Por mucho que me esfuerce, no voy a aprobar esta asignatura” (atribución estable) o “el día del examen había discutido con una amiga y llegué al examen desconcentrado/a” (atribución inestable).
  • CONTROLABLES/INCONTROLABLES: se refiere a si consideramos que tenemos capacidad para cambiar la situación o no. Por ejemplo, “tendría que haber dedicado más horas a preparar este examen” (atribución controlable) o “el profesor ha preguntado sobre temas que no hemos dado en clase” (atribución incontrolable).
El tipo de atribución que realizamos se relaciona con el tipo de emoción que experimentamos.

Cuando consideramos que algo ha salido mal por culpa de otra persona, podemos enfadarnos (si consideramos que lo ha hecho mal intencionalmente) o podemos sentir compasión (si consideramos que lo ha hecho mal por falta de habilidad). En general, si consideramos que el motivo de que algo no nos haya salido como queremos es global, estable y/o incontrolable, las emociones que experimentaremos tendrán un afecto negativo. Por el contrario, si consideramos que el motivo es específico, inestable y/o controlable, nuestras emociones tendrán un afecto positivo.

Además, los expertos han señalado que el grado de estabilidad es una característica atribucional muy importante a tener en cuenta cuando hablamos de motivación y expectativas. Esto es así ya que, cuando creemos que algo ha ocurrido por un motivo estable en el tiempo, disminuye nuestra expectativa de que el resultado cambie en el futuro y, por tanto, también disminuye la motivación para actuar de forma diferente y/o seguir intentándolo.

Algunas recomendaciones para afrontar los fracasos y las frustraciones:
  • Lo primero de todo, analiza en qué medida sientes la necesidad de logro en tu vida. Existen personas muy orientadas al logro, mientras que otras están más orientadas a las relaciones sociales o al poder. El grado en que sientas esta necesidad influirá en la importancia y repercusión que tenga en tu estado anímico la consecución de los retos que te propongas.
  • Fíjate cómo se orienta tu necesidad de logro: ¿para ti lo importante es mejorar tus habilidades? ¿o te fijas más en el resultado que en el proceso? Quizá sólo prestes atención a lo que no te sale bien y pases por alto las habilidades que sí tienes. Hacerte estas preguntas te ayudará a conocerte mejor y saber qué aspectos pueden afectarte más cuando te propones algo.
  • Cuando algo no te salga como tú quieres, antes de dar por válidos todos tus pensamientos, ten en cuenta hasta qué punto te estás dejando llevar por experiencias pasadas o por opiniones ajenas. Trata de centrarte en situaciones concretas y actuales. Además, trata de clarificar tu propio criterio, aunque también escuches las opiniones de personas importantes para ti.
  • Analiza los motivos que te estás dando para explicarte que algo no te haya salido bien. En la medida de lo posible, trata de darte explicaciones específicas, inestables y controlables.

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Bibliografía:

Naranjo Pereira, M. L. (2009). Motivación: Perspectivas teóricas y algunas consideraciones de su importancia en el ámbito educativo. Revista Educación, 33(2), 153-170.

Worchel, S. (2002). Psicología Social. Madrid, España: Thomson.



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